El
estatus epistemológico de las ciencias de la educación ha sido una acalorada e
interesante discusión. El debate sigue abierto aunque ya con unos acuerdos
básicos. El estudiante de este doctorado, cuyo nombre es el de Ciencias de la
Educación, no puede eludir la realidad de tomar postura ante él. Por tal
motivo, la primera parte de este ensayo se dedicará a decir una palabra sobre
este debate.
Se
afirma con Follari (2019) que hay que “apelar a un cierto decisionismo para,
finalmente, hablar de Pedagogía o de Ciencias de la Educación” (P.19). Es
decir, partimos de que una vez leído sobre el tema, como es el caso de haber
leído en esta cátedra, hay que decidirse. Esto es así para el autor ya que ambas
denominaciones tienen ventajas y presentan problemáticas, más aún, si se optara
por una tercera vía. “Lo fundamental, sigue diciendo Follari (2019), “es
acordar en la inexistencia de autonomía de los estudios educativos”. (P.19). Esto
significa que lo que se elija, “nadie imagine completitud y unicidad en el
espacio de los estudios sobre educación” (p.19). Dicho esto, hay una primera
afirmación que hacer: se trata de “ciencias aplicadas a la educación”. O mejor,
“la ciencia de lo educativo como aplicación de ciencias sociales diversas”.
(Follari, 2019, p.18).
Por
tanto, las Ciencias de la Educación serán consideradas así, en plural. Son
definidas por ECURED (2020) como “un conjunto de disciplinas que estudian,
describen, analizan y explican los fenómenos educativos en sus múltiples
aspectos”. Son pues, todas las
disciplinas interesadas en el estudio científico de los distintos aspectos de
la educación en sociedades y culturas. Se apela a tres autores para sostener la
postura que ha sido dicha arriba.
El
primer autor Tezanos (2010) citando y traduciendo del francés a Perrenoud, 2000,
señala que
el plural de las
ciencias de la educación indica que al menos coexisten en una unidad académica
varias ciencias humanas y sociales. Idealmente, todas reunidas (…) Cada una de
estas ciencias tiene “alguna cosa” que decir sobre la educación, los sistemas,
las prácticas, los procesos educativos, las culturas, los valores, los saberes que las sostienen. (P. 54-55).
La
lista que propone el autor no cierra las diversas disciplinas pero da una idea
de lo que se quiere comunicar.
Por
su parte, Cieza (2018), expresa que “las ciencias de la educación no
constituyen un campo reservado solamente a algunos especialistas. Ellas
representan actualmente el conjunto indispensable de disciplinas que permiten
un correcto y fecundo funcionamiento de los sistemas educativos en todos sus
niveles” (p. 10).
Y
se concluye con Follari (2019), que
“las Ciencias de
la Educación no son una suma de cualesquiera contenidos y metodologías de otras
disciplinas, sino que proponen un recorte de los contenidos que vienen a
cuento, los cuales a su vez, en el proceso de aplicación al objeto educativo,
sufren determinadas modificaciones en sus características”. (P.15).
Roberto Follari es tajante, claro y
convincente. Por eso el autor de este ensayo se ha identificado con su postura
sobre el tema. Concluye con él afirmando que “las llamadas Ciencias de la
educación son una sola ciencia, una disciplina específica conformada a
partir de varias otras, a las que modifica y reconstruye para sus propios fines
(p.16). El subrayado es del autor, y éste consciente de que esta postura no es
propia sino que coincide con otros autores como Tejada, la asume como propia
para el cierre de esta cátedra.
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