lunes, 7 de julio de 2025

Mi historia con el mundo biker-

 MI HISTORIA DE ACERCAMIENTO AL MUNDO BIKER


Peregrino sobre ruedas: el discernimiento del Camino


    La carretera, mis amigos, no es solo asfalto y curvas; a veces, es un mapa de señales divinas que nos guían a encrucijadas inesperadas. Mi propio viaje al mundo biker, un terreno que a primera vista podría parecer ajeno a la sotana, fue precisamente eso: un entramado de eventos que, vistos en retrospectiva, revelan la providencia actuando con la sutileza de un buen motor afinado. Fue un discernimiento al estilo ignaciano, pero con el rugido de un motor de fondo.

    

La señal del motor inactivo: un llamado a la acción


    Todo comenzó con una moto, un TX 200 2014, que compré en mayo 2019 por 700 dólares con ayuda de unas amigas españolas. Era una época con problemas serios de abastecimiento de gasolina. Una inversión modesta, sí, pero con el paso de los años, su presencia en la Residencia jesuita San Pedro Fabro se había vuelto casi una acusación. Junio de 2024 llegó, y la pobre máquina, más que un medio de transporte, era un objeto inactivo. Se dañaba por la falta de uso, y cada reparación era una pequeña sangría para los fondos de la comunidad. Es una regla de oro, ¿verdad? Lo que no se usa, es mejor que encuentre un propósito en otras manos.

    La situación llegó a un punto de inflexión cuando un empleado de la UCAT, un hombre observador y práctico, me abordó. "Padre, esa moto está buena y ustedes no la usan. ¿Por qué no me la vende a mí? Yo sí le daría uso". Sus palabras resonaron. Fue como una primera chispa. ¿Estábamos nosotros, los jesuitas, desaprovechando un buen recurso? ¿Ignorando un potencial que estaba allí, oxidándose en el estacionamiento? Mis alertas espirituales se encendieron. No era solo una cuestión de venta; era una cuestión de utilidad, de propósito.


   La "poca" Táchira: una llamada a la exploración


    Poco después, en mayo de 2024, viajé a Puerto Ordaz para la primera misa de mi compañero jesuita, Isaac Velázquez. Allí, en medio de la alegría de la celebración, tuve una conversación reveladora con Roberto Salazar. Con su característica franqueza, me preguntó: “Pancho, en estos seis años que llevas en el Táchira, ¿cuánto conoces realmente esta tierra?". La pregunta me golpeó. Hice un recuento mental, y la respuesta fue vergonzosa: "Apenas tres o cuatro sitios", le dije.

    Caí en la cuenta de lo poco que había explorado el estado que había sido mi hogar por tanto tiempo. La respuesta de Roberto, aunque amable, fue un eco de la primera señal: ¿Estaba yo desaprovechando la geografía, las personas, las experiencias que se ofrecían a mi alrededor? Aquí estaba una región rica en paisajes y cultura, y yo, un jesuita que busca a Dios en todas las cosas, apenas había arañado la superficie. Era una invitación, casi un empujón, a salir y conocer.


Rutas de paz: la pieza clave del rompecabezas


    El puente del 24 de junio de 2024 me llevó al Monasterio Nuestra Señora de la Consolación de las hermanas Carmelitas Descalzas en Rubio. Me había retirado allí para avanzar con mi tesis doctoral, buscando la quietud y la concentración. Durante un almuerzo, el Espíritu Santo, siempre tan creativo, me presentó a dos jóvenes: Kevin Rubio y Andrés Meneses. Eran moteros, y lo noté de inmediato por un cooler que llevaban.

Lo que realmente me llamó la atención fue una calcomanía. En el centro, una moto; a los lados, dos palabras que, para mis ojos de entonces, parecían alemán. Intrigado, les pregunté qué significaban. "Rutas de Paz", me respondieron, revelando el misterio de Frieden Routen, RC. El nombre resonó. Rutas de paz. En ese instante, todas las piezas comenzaron a encajar. La moto inactiva, la poca exploración del Táchira, y ahora, esta comunidad motera con un nombre tan significativo.

    Pedí su número y su red social. En los días siguientes, aquellos cuatro puntos: la moto que no se usaba, el comentario del empleado, la conversación con Roberto, y el encuentro con Kevin y Andrés, se consolidaron en mi mente como claras señales del Espíritu. No eran coincidencias; eran una coyuntura, una encrucijada que me invitaba a un discernimiento serio. Vi la oportunidad de sacarle el mejor provecho a cada circunstancia, de abrir una nueva ventana.

    Decidí dar el paso. Le escribí a la cuenta de Instagram de Frieden Routen y me facilitaron el WhatsApp de su presidente, Kevin Rubio. Allí, mis amigos, comenzó esta historia. Mi primera rodada con ellos fue el domingo 14 de julio de 2024. Se abrió ante mí un mundo completamente desconocido, un ambiente donde, a primera vista, un cura no esperaría encontrarse. Pero allí estaba yo, un jesuita motero, descubriendo que Dios se manifiesta también en el asfalto, en la camaradería y en la aventura de la carretera.



Mis objetivos como biker


    Ser un cura motero es abrazar una vida con un pie en el asfalto y el otro en el altar, fusionando la libertad de la carretera con la profundidad de la fe. Desde la riqueza de la espiritualidad ignaciana, ser motero se convierte en un camino para la mayor gloria de Dios y el servicio a los demás. Aquí presento cuatro objetivos que expanden el significado de las expresiones que menciono, manteniendo siempre el espíritu de un jesuita sobre dos ruedas:


1) Jesuita en ruta: La itinerancia como contemplación y apostolado

El primer objetivo es transformar cada viaje en moto en una experiencia de contemplación activa y apostolado. Así como San Ignacio y sus primeros compañeros fueron "peregrinos a pie", el jesuita motero es un peregrino en dos ruedas. La ruta no es solo un medio para llegar a un destino, sino un espacio para la oración, la reflexión y el encuentro. Con cada kilómetro, el rugido del motor se convierte en un mantra, el viento en una caricia divina y el paisaje en un lienzo de la creación. Es en esta itinerancia donde se busca la presencia de Dios en todas las cosas, llevando la luz del evangelio a cada parada, a cada encuentro con otros viajeros, a cada comunidad visitada. El objetivo es que la presencia del cura motero en la carretera sea un signo visible de cercanía y disponibilidad, rompiendo barreras y abriendo corazones.


2) Fe: La confianza radical en la providencia divina en la carretera y en la vida

El segundo objetivo es cultivar una fe inquebrantable y una confianza radical en la providencia divina, tanto en los desafíos de la carretera como en las encrucijadas de la vida. Conducir una moto exige atención plena, decisión y una cuota de riesgo calculado. De manera similar, la vida de fe nos invita a confiar en Dios incluso cuando el camino se torna incierto o cuando la "curva" de la vida nos sorprende. Este objetivo implica abandonarse en las manos de Dios, sabiendo que Él guía nuestros pasos, protege nuestros caminos y nos sostiene en cada travesía. Es reconocer que cada salida y cada llegada son un don, y que incluso en los imprevistos o las averías mecánicas, hay una oportunidad para la confianza y la entrega. La fe del motero jesuita se traduce en una serenidad que inspira, una capacidad de adaptación que asombra y una profunda convicción de que Dios está en control, tanto en el asfalto como en el alma.


3) Misión: Llevar la Buena Noticia sobre ruedas y en comunidad

El tercer objetivo es encarnar la misión de Cristo, utilizando la cultura motera como un puente y la comunidad de bikers como un campo de acción. La moto, más allá de ser un vehículo, es un símbolo de libertad, camaradería y aventura, valores que pueden ser terreno fértil para sembrar la Buena Noticia. La misión del cura motero no se limita a predicar desde un púlpito, sino a compartir la fe en el contexto de la vida real, en concentraciones moteras, en rutas compartidas, en la conversación casual en un café de carretera. Es ser un "sacerdote de la calle", accesible, auténtico y dispuesto a escuchar las historias y las inquietudes de quienes se cruzan en su camino. El objetivo es formar una comunidad de moteros con corazón ignaciano, donde la solidaridad, el respeto y el servicio sean los pilares, y donde cada viaje sea una oportunidad para llevar consuelo, esperanza y el mensaje de amor de Dios.


4) Descubrimiento: La búsqueda constante de Dios en lo ordinario y lo extraordinario

    El cuarto objetivo es mantener una actitud de constante descubrimiento, buscando a Dios en cada experiencia, cada paisaje y cada encuentro, tanto en lo ordinario de la vida diaria como en lo extraordinario de una larga travesía. Para el jesuita, el "Magis" es la búsqueda de "más" de Dios, de lo más grande, de lo más profundo. En la carretera, esto se traduce en la admiración por la creación, en la capacidad de asombro ante la belleza de la naturaleza y en la apertura a las sorpresas del camino. Cada salida es una oportunidad para aprender algo nuevo, para conocer gente diferente, para enfrentarse a desafíos y superarlos. Pero más allá de lo externo, el descubrimiento también es interno: es la introspección, la toma de conciencia de la propia vulnerabilidad y la gratitud por cada momento. El objetivo es que cada viaje sea una peregrinación espiritual, un proceso de crecimiento personal y de encuentro más profundo con uno mismo, con los demás y con Dios, siempre buscando el "en todo amar y servir".

    Estos objetivos, impregnados de la espiritualidad ignaciana, demuestran cómo un cura motero puede vivir plenamente lo mejor de ambos mundos, utilizando la carretera como un altar y la moto como un instrumento para la gloria de Dios y el servicio a la humanidad.


(Por José Francisco Aranguren Díaz y Gemini IA, junio de 2025)


Rodada a San Simón 04-05.05.2025

 LA AVENTURA DE SAN SIMÓN

Por el P. José Francisco Aranguren, S.I (secretario de Frieden Routen, RC)


Todo comenzó entre panas…Johao Hurtado quien es un joven hábil fotógrafo y motero de los buenos, invitó a Kevin Rubio presidente de nuestro riding club Frieden Routen a una rodada con dos clubes moteros de Cúcuta al pueblo de san Simón, municipio Simón Rodríguez del estado Táchira, el 03 y 04 de mayo. La rodada sería acompañada por Luis Miguel Delgado como guía de ruta y Gabriel como fotógrafo. Inmediatamente Kevin nos hizo la propuesta. Nick Pino y yo nos animamos y como ya va siendo costumbre los tres chiflados parecían hacer otra aventura. Llegados los días, Kevin no pudo de modo que Nick y yo nos enrolamos en la rodada. 

Salimos de La UCAT el sábado 03 de mayo a las 2:20 pm con rumbo a San Pedro del Río, a escasos 41 km de San Cristóbal. Llegados a las 3:20 pm nos encontramos con Johao y el resto de hermanos moteros de los siguientes clubes moteros Clubes Clan Nómada, Xtz Cúcuta y Warriors, para seguir camino a San Simón. Mientras fue de día vimos los bellos paisajes de las montañas tachirenses e incluso merideñas. Pasamos por el Castillo de los Pellizari, la Jalapa, la iglesia de La Curva para llegar y hacer parada en Boca de Monte, saludar y conocer al amigo Byron en el refugio motero internacional. Fue un rato muy ameno de tomar el cafecito respectivo e intercambiar contactos para que siga creciendo su grupo de whatsapp de diversos moteros de la región. Además, un excelente momento para compartir las “calcas” de los clubes visitantes y pegarlas en aquella peculiar nevera de los años 50 que Byron tiene dispuesto para tal fin. 

Así seguimos el recorrido pasando por Angaraveca y luego pasamos ese serpentear de curvas en ligero ascenso que nos llevarían al frío y la neblina esperadas del Páramo del Zumbador. Allí cenamos, tomamos café y seguimos el camino ya sabiendo que llegaríamos de noche a La Grita. Avanzamos desde San Pedro hasta La Grita, unos 70 km pasando por El Cobre. Al llegar al cobre tuvimos que detenernos ya que a Luis Miguel se le pinchó la llanta delantera de su moto TX 200. Seguimos el camino ya de noche, pero sin parar.  En efecto llegamos a La Grita ya pasadas las 7 pm. Teníamos una invitación de Oscar Duque, @eltochedelagrita a tomar café y comer quesadilla allá en su pueblo pero ya era tarde así que la dejamos para ver si era posible al otro día. Justo al pasar el santuario nuevo cruzamos a la izquierda para tomar la vía hacia Bailadores vía Pueblo Hondo que nos llevaría hacia San Simón. Serían unos 50 km aproximadamente. 

Llegamos a San Simón, como a las 10 pm. Fueron unos 180 km de recorrido desde San Cristóbal y otro tanto desde Cúcuta para nuestros hermanos moteros colombianos. Mi moto consumió 9 litros de gasolina en 180 km, demasiado. He de revisar el carburador. Fue un viaje relativamente normal y sencillo. Por la hora pocos paisajes pudimos ver. Al llegar a San Simón, el grupo grande se fue a la posada Los Adriani. Nick y yo llegamos a la casa parroquial de la parroquia San Miguel Arcángel, donde el padre Ender García nos atendió con una cena de unas empanadas fenomenales y nos dio posada en las habitaciones que tiene la parroquia. En la noche en la posada disfrutaron un rato ameno con algunas bebidas y conversaciones gratas para irse a dormir y despertarse bien temprano para salir a la Laguna. 

En la mañana del domingo 04 de mayo, bien temprano, a las 7 am, Nick y yo echamos gasolina, pusimos full nuestras motos y nos dispusimos a desayunar con el resto un rico caldo de huevo con arepa hecha por la señora Maira Morales, encargada de la posada. Así las cosas, salimos camino a la Laguna Brava que serían 16 km. El primer tramo serían 11 km hasta Llano Grande, la mayoría carretera descampada. Pasamos por los caseríos El Rincón y Santa Lucía, del kilómetro 4 más o menos comenzó el ascenso duro hasta la Laguna Brava. Al llegar a uno de esos caseríos Luis Miguel cayó en cuenta de que se había quedado en San Simón, el pan, el chocolate y unas herramientas. Al rato se le espichó el caucho trasero de su moto y como no había cauchero cercano tuvo que dejarla en resguardo en una capilla de la zona y seguir de parrillero de Nick. Para quien escribe ese trecho del camino lo tomó desprevenido. No tenía mucha información de lo que venía, se dejó llevar. Las primeras cuestas en terreno destapado o carretera regresiva iban bien pero hubo una subida en destapado y ascenso, un poco húmeda que excedieron y superaron su entrenamiento  previo por lo que pidió ayuda. Primero Nick y luego Luis Miguel fueron quienes guiaron el camino hacia la carretera regresiva en la zona llamada Llano Grande.  

Johao decidió que los parrilleros se bajaran de las motos y él los subía, para evitar caídas innecesarias. En esa curva tuve que subir de parrillero de Johao por primera de dos veces, abrazado a él en su moto por la cuesta. De allí en adelante subí un trecho caminando y, en el camino, me encontré con el señor Álvaro nacido allí y que siempre ha vivido allí. Muy conocido. Me estuvo contando dónde quedaba la laguna, que allí arriba había una carretera regresiva y que ya estábamos en el estado Mérida. Luis Miguel subió mi moto hasta Llano Grande. Aquí ya perdí la pena al respecto y me subí una vez más junto a las chicas que iban de parrilleras. Fui el último que Johao subió. Creo que de los 18 que estuvimos yo era el que tenía menos experiencia en ese tipo de rodadas que planteaban un trecho de off road.

Al llegar arriba había un par de motos que les faltaba aire, uno espichado y el otro con falta de aire. Sacaron una bomba y usándola se dañó. Preguntaron si alguien tenía una bomba de esas eléctricas, tipo compresor y yo pensé: “la tengo pero, la dejé”. ¡Terrible! Hubo que resolver e ir a una casa a 2 km para buscar una cauchera. Luis se llevó mi moto. Eso nos llevó más de una hora. Mientras Sebastián le sacó conversa a un niño que estaba allí mirando la reunión que habría del pueblo para hablar sobre el agua y cómo cuidar la naciente y que cada quien diera la colaboración. El niño quería conducir moto y tenía videos y fotos de moteros que habían subido por ahí. Nos la mostró. Johao nos trajo un refresco y comenzó a conversar con el niño. Se conectó con él y le mostró un video de un joven de 17 años que estaba haciendo motocross. El niño estuvo muy entusiasmado escuchándonos y hablando con él. Es del team canguro. Llegó Nick de la cauchera y me fui con él hasta la capilla, allí estaba la mayoría del grupo esperamos que Johao buscara la llave de la reja de la Laguna Brava y nos dirigimos hacia allá, seguí con Nick. 

Seguimos el camino pasando por la iglesia que estaba camino a la Laguna. A 5 km ocurrió que ya visualizando la Laguna, Luis Miguel se cayó de mi moto, este fue el tercer incidente del viaje. Resulta que Sebastián le quitó el carril y tuvo que frenar y al hacerlo se cayó. Con saldo mínimo de la defensa y la palanca de cambios doblada. Lo más lamentable fue que Luis Miguel se lesionó la parte baja de la rodilla siendo una zona en donde duele mucho. De allí no pasó. Llegamos a la Laguna Brava y la idea era entrar hasta la casa y allí tomar fotos y grabar videos. Ni Nick ni yo bajamos la moto, la dejamos en la lomita donde estaba el portón de entrada. Nosotros sí bajamos a compartir con el resto. Es un lugar espectacular, provoca llegar y no irse. Tomamos fotos, descansamos, grabamos videos con el dron de Johao y hacia las 12:30 pm emprendimos el camino de subida. Fue un proceso subir ese trecho. Johao tuvo que subir varias de las motos aparte de la suya propia. Mientras ellos subían Nick, Luis Miguel y otros estaban enderezando la pata de los cambios de mi moto para poder regresar tranquilo. A la salida de la Laguna iba conduciendo mi TX y me caí, en cámara lenta pero la moto terminó en el suelo. Se quedó pegada la rueda de adelante y se me fue hacia adelante y la moto se acostó y quedó acelerada. Tuve que apagarla y dejarla caer. El saldo fue que se me botó un poco de gasolina. Luis Miguel me ayudó pasando él la moto de ese barrial. Todo quedó grabado en las cámaras. 

La vuelta de la Laguna Brava a San Simón fue por Zea, seguíamos en el estado Mérida. Eran unos 33 km. En el camino nos llovió. Para colmo también dejé el impermeable y me tocó mojarme. En la vuelta se me trancó la rueda trasera pero pude frenar y volver a arrancar sin más inconvenientes. En el camino se veía una ciudad grande que era Tovar y en otro momento se visualizó Bailadores. Llegamos a San Simón hacia las 2:30 pm. Todos llegaron a recargar gasolina.    Nick siguió con Luis Miguel para recuperar su moto y ver si la podía acomodar para seguir con el grupo. Tampoco en la mañana nos dio chance de saludar al @eltochedelagrita porque era tarde. Se nos quedó para la próxima. Había que almorzar y salir. Almorzamos, yo recargué 2 litros de gasolina más para ir tranquilo, Nick acomodó la defensa y se la pusimos. Ya era momento de volver. Fuimos a buscar las maletas en la casa cural y allí nos estaba esperando el Padre Ender García, párroco de la iglesia San Miguel Arcángel del pueblo y nos deseó buen viaje. Le agradecimos y quedé pendiente de presidir una misa allí cuando volviera. Volvimos a la posada y al rato, llegó Luis Miguel sin poder resolver la situación de su moto. Por eso hubo un cambio de planes.

La vuelta tuvo que ser guiada por el capitán de rutas de Frieden Routen, Nick Pino, que tiene experiencia y conoce la zona, ya que Luis Miguel no pudo ponerle el parche a su caucho trasero debido a que era domingo y estaba todo cerrado y así acompañarnos de vuelta. Johao se quedó con él en San Simón hasta la madrugada siguiente.  Salimos de San Simón hacia las 4 pm, no sin antes hacer una oración para encomendar el viaje. Salimos por la vía que conecta al pueblo de Hernández y La Tendida. Desde que salimos de San Sim{on estábamos pendientes porque uno necesitaba ponerle un parche a su moto en el caucho trasero ya que iba con su esposa. No fue sino entre Las Tiendas y La Tendida donde encontramos una cauchera para reparar el caucho y seguir tranquilos. Así fue. Aprovechamos también para enderezar la pata de cambios de mi TX. Al llegar a La Tendida, tomamos la carretera nacional trasandina. El recorrido hasta San Cristóbal serían unos 135 km algo similar. En el camino hicimos varias paradas rápidas. Es una vía caracterizada por tener muchos reductores de velocidad (policías acostados) lo cual obliga a bajar la velocidad. 

En el camino pasando uno de esos reductores oí un ruido como chocando hierro con hierro en mi moto. Inmediatamente me detuve y le comenté a los otros compañeros lo que oí. Movieron la moto, la encendieron y rodaron la rueda trasera buscando la falla y Nick se dio cuenta de que era un tornillo del guardapolvo de la cadena que se estaba saliendo porque la pieza estaba partida y se atravesó en el camino de la cadena. “Menos mal que se detuvo, Padre”, me comentaron los compañeros moteros. Sin más obstáculos llegamos a San Pedro del Río donde el grupo se separó, dos seguimos hacia San Cristóbal, Gabriel y yo, y el resto siguió con Nick hacia el puente internacional. Ya a las 8:30 pm, hora venezolana, ya estábamos la mayoría en casa sanos y salvos a descansar ya que al otro día había trabajo.

Termino con mucho que agradecer. Aprendí de ustedes lo importante de la confianza en uno mismo y en la moto al subir las cuestas, eso lo primero. Luego de que se pueden vencer los temores. Otra cosa, las bellezas naturales que tiene mi país y, en especial los andes venezolanos. Gracias por la ayuda de terminar de subir la moto a Llano Grande y por el percance con el tornillo de la tapa de guardapolvo de la cadena que estuvo casi por bloquear la cadena. El total hasta San Cristóbal fue de unos 398 km.  Gracias por el apoyo en subir la moto. Agradecidos y listos para la siguiente rodada aventurera…

Sin embargo, gran aprendizaje,  compruebo lo que ya sabía: lo que nos pase en las rodadas a cualquiera es asunto de todos.


UNA RODADA INOLVIDABLE

 UNA RODADA INOLVIDABLE


La subida 

No fue una rodada normal, fue especial ya que iba como PEREGRINO, como alguien que lleva algo, que busca algo, que va con algo en el corazón a presentárselo a su Dios y, ciertamente, yo llevé a mi Venezuela querida. 

Como estaba dando retiro en Villa Rosmini bajé pronto, a las 7:15 am al punto de encuentro. Una vez llegado a Las Lomas comenzó el encuentro con los más de cien moteros de distintos clubes del Táchira. Mi club, Frieden Routen (RUTAS DE PAZ, en alemán) salimos casi de primeros a las 8:30 am. Éramos unas 8 o 9 motos de miembros del club e invitados. Fuimos haciendo las paradas respectivas para reagruparnos, ya que había otros que nos pasaban. Paramos en el semáforo que sube a Cordero y alguna otra parada. 


Ya muy desde el comienzo me extrañó que había muchas bicicletas con sus respectivos carros acompañantes. Esto tuvo dos consecuencias: por un lado, se enlenteció la subida y por otra, el canal de bajada estaba casi desierto, por lo cual nos quedó habilitado para que pasáramos todos los motorizados. Entre pasar bicis y pasar bicis llegamos al Páramo del Zumbador (a 2540 msnm) a las 10:50 am. Nos encontramos con una suave neblina. Allí fueron llegando los distintos moteros a tomar alguna bebida caliente para comenzar la bajada a La Grita. 


Luego de unos 40 min de parada nos enrumbamos decididamente hacia La Grita por el camino de El Cobre. En el camino de bajada, subía un camión verdulero que cerró por completo la calle al cruzar. A mí me dio tiempo de cruzar por un pequeño espacio de unos 50 centímetros, pero Karlos, que venía con su pareja Laura, no alcanzaron a pasar y se estrellaron levemente con la pared. Yo me doy cuenta de que algo sonó y apenas pude me detuve para auxiliar; lo mismo hicieron los que venían detrás de ellos. La sorpresa fue que el camión verdulero, vio lo acontecido y nada que se detuvo. Un acontecimiento triste e inesperado realmente, ya que íbamos bajando cientos de motos por ese camino. 


Se activó el protocolo con los radios de Frieden Routen e inmediatamente se devolvieron Andrés y Nick a auxiliar. Por un lado, a chequear su salud y por otro, evaluar el estado de la moto y ver si podía seguir la ruta. En efecto, los daños físicos a ellos fueron mínimos y a la moto se le partió el faro delantero y su base. Andrés y su parrillera llamada Jauni sacó su botiquín de primeros auxilios y curó especialmente los dedos de la mano de Laura mientras Nick y Kevin a través de una cuerda fijaban el faro delantero para seguir el camino. Afortunadamente la moto encendió y pudimos seguir el camino, ya más agrupados y atentos al resto. 


En el camino tuvimos que atravesar un pequeño río que iba crecido. Una vez superada la travesía seguimos decididamente hacia La Grita. Nos detuvimos antes de comenzar a subir la cuesta de la avenida que nos llevaría hasta el santuario. Nos reagrupamos, descansamos un poco y seguimos. Al llegar, no había muchas motos en el santuario, nos acomodamos lo mejor que pudimos en el extremo derecho de la capilla techada. Ya la eucaristía había comenzado, ya que inició a las 11 am y nosotros llegamos a las 11:50 am. Una vez allí, participamos de lo que restaba de la eucaristía los que quisieron y nos dispusimos a esperar que el Padre Delvis García, rector del Santuario nos asperjara con agua las motos en señal de la solicitada bendición de las motos. También estaban las bicicletas, aunque no era su día. Hablamos sobre sugerir que el día de las bicicletas no coincidiera con el de las motos. Ya eso quedó para otro nivel. 


Cerca de la 1 pm recibimos la bendición y emprendimos nuestro camino de subida al pueblo para buscar alguna panadería donde comer algo típico como quesadilla o almojábana. Así llegamos a la Panadería La Preferida, valga la cuña publicitaria. Los datos del celular no respondían y recordé escribirles a dos amigas ucatenses que viven allí en la Atenas del Táchira. Les comuniqué mis coordenadas y vi que no salieron los mensajes. Tenía pocas esperanzas de verlas. Comenzamos a comer algo y compartir el pasticho y la torta de zanahoria que me habían dado como avío las hermanas de Fuente Real para el almuerzo. Al salir ya para buscar las motos estacionadas en la mitad de la cuadra de arriba, me encuentro con las dos chicas ucatenses, primero con Ariadna Stephanie, estudiante de Mercadeo y luego con Yendy Guadalupe, estudiante de Derecho. Fue muy grato y rápido el compartir. Luego de tomarnos las infaltables fotos para inmortalizar el encuentro especial, la mamá de Ariadna, la señora Romina me regaló una quesadilla grande recién hecha. Nos despedimos respectivamente y fuimos a recuperar nuestras motos; bueno, ya estaban todos allí esperándome para salir. 


La bajada

Acordamos bajar por otro camino distinto por el que subimos. Bajaríamos por Seboruco, Las Mesas, La Fría, San Pedro Del Río, San Félix, Lobatera, Copa de Oro, San Cristóbal. Era un camino mucho mejor y pasaríamos por unas zonas más calientes. Aquí quedamos solo 5 motos, Kevin, Leonardo, Karlos y Laura, Andrés Jauni y yo. Nos detuvimos en la plaza de Seboruco y luego en las Mesas por si alguien necesitaba reponer gasolina; como no fue así continuamos el camino. 


En la subida hicimos varias paradas breves, una más larga en la autopista La Fría - San Cristóbal. Ya casi en Colón, Kevin, que siempre iba delante abriendo camino, se encontró con una persona del club motero GOCHO BIKER y le suministró gasolina para que siguiera su camino. Así llegamos a cerca de la fábrica de concreto donde nos detuvimos a tomar fotos de la vista de la ciudad que se veía. Allí Andrés siguió su camino y no lo vimos más. Al llegar a Copa de Oro seguimos camino hacia San Cristóbal Leonardo y yo, y ya cada quien en sus casas. De modo que hacia las 6:15 ya estábamos dispersos y camino a casa donde todos llegamos bien gracias a Dios y a la bendición del Santo Cristo. 


Esto ocurrió el domingo 11 de agosto de 2024. Así concluyó mi tercera rodada con Frieden Routen.


2da rodada con Frieden Routen. 21 de julio 2024

 Esta segunda rodada se dio en conjunto con Arepa Biker, representado por Nick. Se da en el contexto inmediato anterior de las elecciones presidenciales históricas en nuestro país. Salimos hacia la 1:30 pm de la estación de servicio de Las Lomas. Íbamos unas 20 motos. 

Inmediatamente nos fuimos ordenando para subir por Palmira y de allí a La Laguna. Se trató de un camino de subida con un clima fresco y unas vías bastante despejadas como para nosotros. En un sitio se dio un cruce a la izquierda que varios de la caravana no pudieron hacer por lo que el grupo se dispersó. Esto se solventó rápidamente con el apoyo e Walter que iba en la retaguardia del grupo. Así seguimos la vía y llegamos al caserío llamado El Oro en la Vía Casa el Padre. Allí nos detuvimos en una casa que tiene una construcción vieja que es un típico lugar de fotos. 

Al bajarnos allí conocí a Yuliana (Yuli) una paisana que vive en San Cristóbal quien andaba con su novio. Tomamos unas fotos en medio del pinar y seguimos. Aprendí que rodar la moto hacia atrás hace que el neutro se active o se detecte en mi moto. Eso lo aprendí allí una vez que la caravana se detuvo porque no logré encender la moto.  Así las cosas, seguimos el camino y comenzamos el camino hacia Borotá. Luego de unas bajadas y subidas llegamos a una capilla desde la que se ve el pueblo casi que en su totalidad. Allí hicimos una parada larga y conversamos sobre muchos temas, uno de ellos el proceso electoral viniente, las motos TX 150 nuevas que se están poniendo en venta y seguimos el camino.

Atravesamos rápidamente Borotá sin detenernos prácticamente. Seguimos hacia Palo Grande y allí sí paramos para comer. Eran alrededor de las 3 pm, en realidad temprano para lo que habíamos planificado. De Palo Grande bajamos a Peribeca vía Catarnica-el Llanito. Nos detuvimos en la parte baja de la plaza de Peribeca. Realmente ha de haber sido una imagen impactante para la cantidad de gente que estaba allí: ver llegar unas 20 motos que se apoderen ordenadamente de una parte de la calle para estacionarse.

Estaba muy lleno todo y era temprano por lo que un grupo ideó el plan de subir hacia el cerro el Cristo de Capacho, en principio me pareció buena idea, pero recordé que no era parte del plan, este, ya había sido copado por lo que era menester volver a casa. Así las cosas, hacia las 4:30 pm nos regresamos Walter, Andrés, Kevin y yo mientras los otros se fueron a el Cerro El Cristo. Esta segunda rodada fueron unos 65 km.


1era rodada Frieden Routen

El brisado (opaco) domingo 14 de julio de 2024 a la 1 pm nos encontramos en el lugar acostumbrado por el club Frieden Routen. 


I parte


Salimos 8 motos de distinto tipo con un itinerario muy interesante, pero, realmente, con flexibilidad. Hicimos una breve parada en la estación de servicio de Zorca. Una vez que chequeamos el tema de la lluvia continuamos el camino.


II parte


Seguimos el camino caracterizado por ser de constante subida y ráfagas de viento. Así rodamos unos 30 min hasta El Recreo. Allí el grupo esperó a las motos 7 y 8 y siguieron el camino hacia el Museo Casa Natal de Juan Vicente Gómez. Allí nos esperó el sr Daniel Gaetano, quien nos hizo el recorrido turístico y nos compartió parte de su vida. 

Desde la salida de la casa natal de Juan Vicente Gómez la lluvia fue leve constante en todo el camino. Así las cosas, seguimos hacia el sector Loma Alta, a la casa natal de Cipriano Castro, la cual encontramos cerrada.


III parte


Decidimos hacer un ajuste a la ruta y bajar hasta el Hato de la virgen. Paramos brevemente al frente de la iglesia, pero estaba cerrada. Inmediatamente buscamos una bodega para alguna ligera merienda. Allí, los que atendían tenían que ver con la UCAT lo cual facilitó las cosas y se pudo obtener la llave de la capilla para conocerla. Está dedicada a la Virgen de la Consolación. Entramos, tomamos algunas fotos y seguimos el camino ya de regreso a casa.


IV parte


Iniciamos el retorno y al llegar al triángulo que divide la vía para Lomas Bajas - Cerro del Cristo - Capacho se reunifico el grupo, Leonardo se regresó a su casa con su hijo adolescente porque ya llevabamos mucho tiempo mojados. Allí se despidió la primera parte del grupo. Cuatro motos siguieron la bajada con lluvia suave y mucho viento. Al llegar al puesto de la policía nacional de Puente Real se dividió el grupo de las 4 motos que quedaban, dando cierre a la rodada y siendo aproximadamente las 7:30 pm. 


Particularidades


- Una moto retornó luego de la visita al museo de Juan Vicente Gómez.


- Los dos últimos se quedaron muy atrás lo que hizo que se perdieran del grupo. Pasados algunos minutos se reunificó el grupo y se siguió la rodada. 


- Fue la primera rodada con Frieden Routen de quien esto escribe.

 

Una foto mía